lunes, 8 de agosto de 2011

TIEMPO DE FÁBULAS - 5

El guanaco y la lagartija




Una vez había una lagartija a la que le gustaba comer carne. Es decir, era carnívora.

Fue a caminar y de paso, comer algo. Pero cuando volvió, toda su casa estaba mojada por un guanaco al que le encantaba escupir.

La lagartija se enojó, fue discretamente a su pie y se lo mordió.

El guanaco se enloqueció.

Los dos se pusieron a pelear.

¡A su derecha la lagartija y a su izquierda el guanaco!

La lagartija lo mordió en la espalda.

El guanaco se tiró y aplastó a la lagartija y fue “K.O.”

La lagartija le dijo que podría irse a otro lugar. Él no quería.

A la lagartija “se le prendió el foco”. Entonces se fue.

El guanaco aprendió una lección: que él no debía escupir a los demás.

Fue a buscar a la lagartija. Cuando la encontró le dijo que vuelva a su anterior hogar.

Se quedó con ella pero iba a escupir y a babear a otro lado.

Moraleja:


Es leal y generoso compartir con amigos lo feo y lo hermoso.


Daniel Talavera

TIEMPO DE FÁBULAS - 4

El puma y la mara


Había una vez, en la estepa patagónica, dos amigos. Bueno,“amigos” no creo, pero eran compañeros.



La estepa era hermosa: grande, silvestre y obvio… patagónica.


Esos “amigos” eran una mara y un puma. La mara era la santa de la estepa y el puma era… egoísta, malo, astuto, ofensivo y traicionero.


Un día, corriendo como siempre, la mara y el puma estaban haciendo competencia para ganarse un trofeo. Resulta, que el puma corrió un poco más lento que lo común, entonces fue empate y el juez dijo:


-Los dos compartirán el trofeo.


Pero el puma gritó:


-Ni loco comparto “mi” premio. Me lo llevo.


Se fue corriendo con “su” trofeo a su casa.


La mara fue a la suya, triste porque su amigo no quiso compartir. (Igual nunca compartía)


Después la mara fue a la casa del puma con intención de verlo.


-Puma, por qué nada compartes. Me odias desde el primer día que me viste. No compartes nada con nadie. ¿Por qué lo haces?


-Lo que pasa es que no quiero que me toquen nada porque soy así, pero ahora me hiciste ver el lado bueno. ¡No soy más egoísta! ¿Vamos al parque?


-¡Claro!


Y fueron amigos para siempre.

Moraleja:


Es leal y generoso compartir con amigos lo feo y lo hermoso.

Aintzane Zubimendi

TIEMPO DE FÁBULAS - 3

La ballena y los peces

Había una vez una ciudad que se llamaba Puerto Madryn.



Allá mucha gente iba a ver a las ballenas y a los peces.


Los peces se peleaban por la gente que iba a verlos. Algunas veces tenían más público las ballenas y otras veces ellos.


Un día una ballena dijo:


-Es una pavada. No podemos estar peleando así. Hay que resolverlo.


Un pez respondió:


-Cierto, pero esperen, esperen un segundo: por qué no nos unimos. Así somos solo un grupo porque en dos grupos nos peleamos.


Al día siguiente los peces se despertaron, fueron al hábitat de las ballenas que les dieron la bienvenida a su casa.


-Se podrían quedar aquí. Sería muy bueno que durmieran aquí, que se quedaran aquí para siempre.


Moraleja:


Es leal y generoso compartir con amigos lo feo y lo hermoso.

Federico González

TIEMPO DE FÁBULAS - 2

El pato egoísta



Había una vez un pato, en Chubut, que era inteligente, fuerte y de piernas largas.


Una vez decidió salir a caminar por el bosque y se encontró con una mara pelada pidiéndole un poco de sus plumas.

Él dijo:


-No, pero te propongo algo –dijo el pato.


La mara tonta y sin pensar dijo:

-Dale, yo te doy mi cola y vos me das tus plumas.


Entonces, de repente el pato le arrancó la cola y se quedó con las dos cosas.

Al otro día, el pato pasó de nuevo por el bosque y vio a la mara acurrucada de frío.

-Pobrecita. Mejor comparto mis plumas.


Se acercó diciéndole:


-Compartiré mis plumas y te devolveré tu cola.

La mara contenta dijo:

-Muchas gracias.

-No es nada, dijo el pato, a mí me enseñaron un dicho.

Es leal y generoso compartir con amigos lo feo y lo hermoso.

Joaquín Vasquez

TIEMPO DE FÁBULAS - 1

El pingüino y el lobo marino




Había una vez un pingüino, bien chiquito.


Un día llegó al colegio un compañero nuevo, un lobo marino malo y muy egoísta. Él tenía todo lo mejor. El pingüino quería eso, pero el lobo marino no prestaba nada y se sentía enojado con todos.


Los animales insistían pero decía que no. El pingüino le preguntó dónde había comprado sus útiles. Él le contestó:


-No sé, no sé. No me acuerdo.


El pingüino pensó que algo estaba tramando…


Más tarde llegó un librero al que le habían robado unos útiles increíbles, como los del lobo marino.


El pingüino se dio cuenta de quién fue, pero no dijo nada.


El lobo marino se iba congelando de miedo. Después dijo la verdad. Aprendió la lección y fueron todos alegres.


Moraleja:


Es leal y generoso compartir con amigos lo feo y lo hermoso.

Martina Sosa

TIEMPO DE FÁBULAS

Esta vez el desafío fue escribir una fábula con personajes patagónicos y cuya moraleja fuese:


“Es leal y generoso compartir con amigos lo feo y lo hermoso.”

Para una lectura más ágil, aparecerán individualmente.

martes, 2 de agosto de 2011

Cartelera para el zoo

Inspirados en la Cartelera para el zoo de Franco Vaccarini, los chicos escribieron y dibujaron otros carteles humorísticos:


 Está permitido un elefante muy elegante
porque va a un restaurante.

(Valentina Relly)
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Elías Medina

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¡Prohibido mirar al león!
Te va a pegar un bofetón.

(Mateo Oliva)
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¡Está prohibido perseguir al elefante
porque está comiendo
un maní gigante!

(Germán Camacho)
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Martina Sosa

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REGLAS DEL ZOO:
No molestes a la hormiga.
Te va a hacer comida.

(Augusto Montenovo)
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Está prohibido
espiar al mono tití:
está jugando con la Wi.

(Nicolás Freile)
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Julieta Luna

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¡Es de mala educación!
Si espiás a la serpiente
te romperá un diente.

(Camila Sánchez)
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Guido Ruella

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ESTÁ PROHIBIDO
molestar al camaleón
porque sino
te come el león.

(Agostina Sampaoli)
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ESTÁ PROHIBIDO
comer al pez
sin contar hasta 10.

ESTÁ PROHIBIDO
molestar al armadillo
porque se traga tu anillo.

(Manuel Fernández Chain)
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LE ADVERTIMOS:
Si ve a un sapo saltarín,
tenga cuidado
con el trampolín.

(Martín Escobar)
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Candelaria Artola

domingo, 1 de mayo de 2011

¡Cuentos maravillosos escritos por chicos creativos!

En esta nueva etapa, el desafío es escribir un cuento con algún componente mágico, teniendo como motivación esta imagen:


Y algunas de las historias maravillosas creadas son estas:

Yogi y Dientes


En el bosque, en verano, había dos amigos que se llamaban Dientes y Yogi. Dientes era un conejo y Yogi un antílope.

De repente Dientes vio una zanahoria en el agua y se tiró.

Como a Yogi también le gustaban las zanahorias, se tiró con Dientes a buscarla.

Salió del agua y empezó a volar. Como no sabía nadar, se ahogó.

Yogi se lanzó a sacarlo y lo logró:

-Gracias, dijo Dientes, pero ¿cómo volaste?

-Es que soy mágico, dijo Yogi.

Dientes dejó de caminar, dio la vuelta, se tiró a buscar la zanahoria y se ahogó.



Autor: Gian Luca Costanzo


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EL ANTÍLOPE DE LOS CUERNOS MÁGICOS

Del castillo sale una bruja malvada que va de aquí para allá con su escoba.

La bruja lanza un hechizo que congela todo así es que los animales tienen siete horas para detenerla antes de que se congele todo el bosque.

Entonces, de repente, ven a un antílope de cuernos mágicos.

El oso Pepillo dice al rey Felipe:

-Ese antílope podría ayudarnos con la bruja.

Y el conejo responde:

-Tenés razón, solo si es de los buenos.

El antílope contesta:

-Sí, soy uno de los buenos.

Entonces dice el cocodrilo grande:

-¿Y qué estamos esperando? ¡Vamos!

Todos siguen a la bruja. Los animales hacen un ataque sorpresa pero ella los hace pequeños, menos al rey. Cuando iba a destruir al rey, el antílope la golpea y ella desaparece.

Y todo vuelve a la normalidad.

Escrito por: Federico Hayes


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LA BRUJA MALIGNA

Había una vez un oso gordo, torpe y divertido que tenía un compañero, un antílope inteligente, torpe y rápido.

Un día fueron a pasear pero de repente apareció una bruja y los encerró en una jaula.

Se preguntaron:

-Cómo salimos de aquí.

-No lo sé.

-¡Ja ja ja! No saldrán de ahí nunca.

-No te saldrás con la tuya.

-No te preocupes. Tengo un as bajo la manga: una varita mágica.

-¡Vamos. Salgamos de aquí!

-Hay que atraparla. ¡Shack!

-Quedate ahí para siempre, bruja.

-Vamos, salgamos del bosque. ¡Sklap! ¡Auch! No me lo esperaba.

-Yo tampoco.

-Espera, tengo hambre.

-Después bobo.

-Está bien.

-Mira, nuestra casa.

-¡Vamos!

Escrito por: Samuel Slikerman

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EL CAIMÁN

El protagonista se llama Marco y es un caimán. Tiene colmillos grandes.

El ayudante es su hijo, es más pequeño. Se llama Marco Junior. Tiene pies pequeños y le gusta nadar en el agua. Fue a perseguir a un pez. El papá fue a cazar a un lago donde Marco Junior estaba nadando.

Una bruja malvada vino y con una poción del mal hechizó a un oso por diversión. El águila fue a atacarla pero la embrujó. El antílope la tiró de su escoba mágica. La bruja se fue pero los animales se escondieron porque el oso, el agua y el águila estaban embrujados.

Marco Junior seguía en el agua. Cuando salió, la bruja volvió. El caimán pequeño por suerte logró escapar con su papá. Marco mordió a la bruja y le fracturó el brazo. Los hechizos se fueron y todos estuvieron a salvo.

Escrito por: Daniel Talavera

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EL HECHIZO

Había una vez un oso que estaba perdido y lo encontró una hechicera que vivía en el Amazonas. Se llamaba Fiorela. Lo crió y lo alimentó. Mientras, ella aprendía magia.

Un día salió al reino a comprar frutas y le dejó su varita mágica. Él se fue a dormir. Al rato, cuando ella entró y vio a Goloso jugando con la varita dijo:

-¡¡Noooooooo, Goloso!!

En ese momento, sin querer, el oso hizo un hechizo y la convirtió en una bruja mala.

Fiorela, como ahora era mala, lo echó. Y el oso preguntó:

-¿Por qué me echas?

Y se fue a pedir ayuda al reino.

Como era un oso, lo encerraron.

Conoció a otra hechicera y a un águila. Lo ayudaron a salir. Todos fueron a la casa de Fiorela. La agarraron y la hicieron buena.

Y vivieron felices.

Autora: Maitena Suárez


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LA BRUJA LUCÍA


Había una vez una bruja mala: Lucía. Ella quería robar todo.

Una tarde en la aldea conoció a un árbol que daba monedas. Lucía las robó todas.

Ese día el pueblo estaba enojadísimo. El árbol dejó de dar monedas. Se estaba quedando cada vez más y más flacucho y pelado.

De pronto apareció un mago en forma de conejo. Estaba embrujado. Sabía dónde quedaba el castillo de la bruja. Entonces, con el pez y el pelícano partieron en viaje. Llegaron y un oso estaba en la puerta, de guardián. Dijo:

-¡Digan la contraseña!

Ellos se quedaron pensando… Se les vino a la mente: ¡Oso! Era eso. Por suerte estaba bien. Pasaron tranquilos. Encontraron a la bruja con todas las monedas. El mago sacó la varita y la transformó para que sea buena. Llegaron a la aldea.

La bruja quería a los animales, como nunca. Los cuidaba y los mimaba.

El árbol, que no quería estar en el pueblo, se quedó con el oso.

Entonces vivieron todos contentos.

Escrito por Martina Sosa

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LA BRUJA QUERÍA CAMBIAR EL LUGAR

Había un conejo, llamado Ricardo, que siempre iba a visitar a su abuela a la casa del parque.

Después volvía al río con los cocodrilos, el pez, el pelícano y el antílope.

Un día una bruja malvada, llamada Isabel, con el ayudante Roberto, llegaron al lugar. La bruja quería cambiarlo. Lo mandó a Ricardo muy lejos de ahí. Le dijo que siga caminando.

El conejo se fue y la bruja empezó a maltratar a toda la gente.

Todos gritaban tan fuerte que el conejo los escuchó y volvió a toda velocidad. Los reunió para luchar contra la bruja. Hicieron un muro de rocas enormes. La bruja tiró un hechizo sobre el muro y explotó todo quemando los árboles. No se sabe dónde quedó toda la gente.

Autor: Guido Ruella

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EL BOSQUE SUYO

(La historia transcurre en el bosque)

Yogui: -Hola amigos. ¿Cómo están esta hermosa mañana?

Amigos: -Bien, gracias.

Yogui y sus amigos estaban en el bosque, tranquilos y con compañía.

De pronto apareció una bruja acechándolos.

Yogui se preocupó mucho pero su ayudante la derrotó por esta vez.

La bruja dijo que volvería.

Yogui y su ayudante tenían en común que los dos eran amigos y con un corazón enorme. La bruja volvería… Para ellos era un problema gigante.

De pronto, Yogui y su amigo vieron a un árbol sobrenatural. Era un pino mágico. Fueron a hablarle.

Los tres hablaron de lo que les pasaba. Luego se dieron cuenta de que si unían fuerzas los tres, y todos sus amigos ayudaban, podrían resolver el problema.

La bruja volvió.

Entre todos ganaron. Fue muy feliz para ellos. Dentro de lo que pasaron.

Todos vivieron alertas pero felices con su árbol mágico que daba comida en invierno, otoño, verano y primavera.

Escrito por Abril Groiso

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EL CONEJO Y SU AMIGO OSO EN BUSCA DE LA BRUJA



Había un conejo que se llamaba Lean y tenía un amigo oso: Martín.

Vivían junto a un río, cerca de dos castillos. Arriba de la montaña había un castillo mágico donde habitaba una bruja que un día los hechizó. Ahora podían hablar pero si mentían se electrocutaban.

El conejo furioso dijo:

-¡Hay que ir al castillo a matar a la bruja!

Llegaron. Había una aldea de ninjas. Pasaron gateando y ningún ninja los notó. En el castillo la bruja los vio y dijo:

-No me alcanzarán.

El conejo se largó por una soga y tiró a la bruja de la escoba, apretó un botón, se abrió el techo y empezó a llover. Y la bruja murió ahogada.

Idea de: Marcos Larreguy

martes, 21 de diciembre de 2010

De corazón, en estos días...

(Hacé clic en la imagen para verla más grande)

PD: En el programa que usé para diseñar la tarjeta no salen tildes (por alegría y María)

jueves, 9 de diciembre de 2010

Un escritor de once años imaginó y dibujó este "maxicuento" o "mininovela" y quiso compartirlo:

 TOMÁS EL AVENTURERO

Había una vez una mujer pobre que tuvo un hermoso hijo. La mujer no tenía dinero y tuvo que dar en adopción al cariñoso y precioso niño.

La chica que lo adoptó se estaba por casar. Lo llamó Tomás.
Años después, cuando el niño tenía 7 años, ella lo llamó Tomás había ido a una exploración en el bosque con sus compañeros y su maestra. En la exploración él tropezó y cayó en un enorme agujero. Trato de trepar unas cuantas veces pero no pudo. Se acordó de que tenía una soga en la mochila pero era muy corta. Empezó a pedir ayuda pero nadie contestaba. El agujero tenía muchas entradas. Entró en una de ellas. A lo lejos se escuchaban gritos. Se dirigió hacia ellos. Gritaban porque la entrada estaba cubierta de rocas. El niño sacó una y vio que salían rápidamente. Entonces se apresuró. Eran los gritos de unos humanos. Al momento se desmayó. Cuando despertó vio a unos hombres vestidos de naranja y les preguntó quiénes eran y donde estaba su mamá. Le dijeron que él destapó la entrada y se desmayó. Al rato se dio cuenta que habían rubíes y zafiros en la paredes ¡Era una mina!

Dijo que cuando regresara iba a llevar montones de piedras preciosas a su mamá y a su joyería. Le dijeron que estaban atrapados. Indicó que había sacado todas las rocas de la entrada pero respondieron que cuando se desmayó hubo un temblor y se derrumbaron montones de rocas. Entonces, Tomás empezó a sacar rocas. Pero eran muchas más que las de antes. Parecía que todo el túnel estaba repleto de rocas. Los mineros tenían dinamitas y con ellas pensaban hacer explotar las rocas del túnel. Tenían con qué encenderlas pero el sitio era húmedo, había agua cerca y podían provocar una inundación en la mina y perderían las piedras preciosas y sus vidas. Horas después, Tomás comenzó a tocar la pared  y estaba todavía blanda. ¡Había más entradas cerca, con túneles de salida! Entre los mineros y Tomás agarraron palas y empezaron a sacar tierra, pero tocaron rocas. Un día después, Tomás tuvo una muy buena idea. Se las contó a sus amigos los mineros y ellos la aceptaron. Era hacer un túnel circular por debajo de las rocas y unirlo después. Tardaron tres días en hacer medio túnel pero se toparon con rocas. Tomás se puso triste y se fue a dormir.

Al otro día, se levantó y no podía respirar bien. Parecía que se acababa el oxígeno. Fue a la entrada cubierta de rocas, sacó una  y toda la montaña de rocas entró en el medio túnel de su idea. Despertó a sus amigos mineros y les dijo que podían salir de la mina. ¡Todos gritaron de alegría y se abrazaron! Fueron corriendo lo más rápido que pudieron, sacaron todas sus sogas, las unieron y en la punta colocaron una estaca. Uno de los mineros la lanzó y la clavó en la tierra dura de la superficie. Salieron todos, pero cuando estaban sacando a Tomás la soga se cortó y él quedó en el túnel. A Juan, uno de los mineros, le quedaba una soga en la mochila  y la lanzó. Cundo Tomás iba por la mitad de la soga recordó de que su mochila había quedado dentro de la mina. Se tiró otra vez por soga y regresó a buscarla. Juan se tiró a ayudarlo. La mochila había quedado bajo piedras. Tomás tiró de ella y la sacó, pera la mina se volvía a derrumbar. El valiente Juan entró a la mina, empujó a Tomás fuera y él quedó de la cintura a la cabeza fuera de la mina pero de la cintura a los pies cubierto de rocas.

El túnel se iba a llenar de rocas. Tomás lo ayudaba a salir pero Juan le dijo que salga de la mina. Tomás se fue corriendo dejando a Juan salir solo de la mina. Cuando subió Tomás, los mineros le preguntaron dónde estaba Juan. Él les cuenta lo ocurrido. Todos se pusieron tristes y siguieron camino. Ese día no quisieron comer. Tomás trató de levantarles el ánimo pero no hubo caso: lo que pasó fue muy triste. Cuando estaban llegando a la ciudad uno de los mineros dijo:


-Volvamos a buscar a Juan a la mina.


Nadie apoyó la idea del minero porque no querían ver el cuerpo sin vida de Juan.


Pero Tomás dijo:


-Capaz sigue con vida. Y su casco lo llevaba puesto.


Todos respondieron que no era posible. Pero al fin decidieron volver a buscarlo. Cuando regresaron, hallaron un enorme agujero donde solo cabía una persona. Tomás se ofreció a entrar y como nadie más quería, él entró. Al ingresar recordó que ahí era donde estaba Juan porque habían dos estacas en el suelo con las que Tomás lo ayudaba a salir. Entonces Tomás y los mineros se hicieron la idea de que Juan seguía con vida y que con las estacas subió a la superficie. Ellos empezaron a buscar en esa zona.

Nadie encontró ni rastros ni nada de él. En una parte de la zona, donde nadie había buscado, había muchísimas plantas. Tomás fue y movió a un lado todas las plantas. Vio la ropa de Juan medio rota. Parecía que un oso lo había atacado. Cuando iba a agarrar vio que un feroz puma cuidando el lugar. Entre todos trataron de atarle las patas pero no se dejó. Volvieron detrás de las plantas e hicieron un maravilloso plan: distraer al puma y otros por detrás le agarraban el cuello. Cuando estaban por hacerlo, Juan apareció vestido con hojas y las hojas atadas con trozos del traje porque hacía mucho calor. Les dijo que no ataquen. Se le acercaron y se dieron un abrazo muy pero muy alegre y bien fuerte.

Poco después del abrazo Juan llamó a su manada de pumas para que los lleven a la ciudad. Cuando llegaron había muchísimos reporteros con los mineros. Tomás se estaba por ir a su casa, Juan gritó bien fuerte y señalándolo “Él fue el que nos salvó”. Tomás se puso feliz. 

Escrito e ilustrado por Matías Lorenc